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Ilse M.DeBrugger: 1954

from Las Elegías Anglo-Sajonas; Universidad de Buenos Aires

 

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El Navegante

 

      Puedo proferir una canción verdadera sobre mí mismo, contar de mis viajes, cómo yo en días laboriosos a menudo pasaba tiempos llenos de penalidades, cómo en mi pecho he sobrellevado la amarga preocupación, habiendo probado lo penoso que es a menudo vivir en los barcos; la agitación de las olas fuó en espanto. A menudo era mi deber hacer la dura guardia nocturna en la proa del barco cuando éste pasaba cerca de los peñascos. Afligidos por el tiempo inclemente, mis pies espaciones encadenados por el frío, por vínculos helados.

Allí mis preocupaciones que rodeaban ardientes mi corazón fueron exteriorizadas con mis gemidos. Un hambre interior desgarró la mente del hombre cansado del mar. Quien con toda prosperidad vive en tierra firme no sabe cómo yo, exilado y agobiado de pena pasé un invierno en el mar helado, separado por completo de mis parientes, rodeado de carámbanos.

Las granizadas cayeron con profusión. No escuché nada, menos el bramido del mar, la oleada helada, y de vez en cuando el canto del cisne. En vez de en la sonrisa de los hombres encontré mi alegría en el grito del ave marina (moris bassana) y el ruido del chorlito, y en ve de tomar hidromel [me contenté] con los chillidos de la gaviota. Allí las tormentas castigaban los peñascos duros; allí la golondrina de mar con el plumaje congelado les daba la contestación. Muy a menudo por estos lugares estaba chillando el aguila que tenía las alas llenas de rocˇo. No hubo protector que consolara el corazón acongojado.

Sin embargo, quien goza de las felicidades de la vida, quien orgulloso y animado por el vino sufre escasas penurias en la ciudad, poco me creerá las muchas veces que yo abrumado por el cansancio tenía que vivir en el camino del océano.

Las sombras de la noche se profundizaron, la nieve vino desde el Norte, las heladas echaron sus vínculos a la tierra; la graniza, el más frío de los granos, cayó al suelo.

Sin embargo, los pensamientos de mi corazón ahora están agitados [con la idea] de que yo debería hacer [otra] prueba con los altos ríos y con las ágiles olas salubres. El deseo del corazón siempre me urge a aventurarme para que pueda visitar el país de un pueblo extraño, lejos de aquí. Sin embargo, no hay hombre en esta tierra que fuera tan orgulloso, ni tan generoso con sus dádivas, ni tan osado en su juventud, ni tan atrevido en sus hazañas, ni que estuviera con señor tan benigno para que no sintiera en todo momento una inquietud respecto a sus viajes por mar [preguntándose] cuál será la suerte que el Señor le deparara.

No fija sus pensamientos ni en el arpa, ni en recibir aros, ni en las delicias brindadas por una mujer, ni en las alegrías que hay en este mundo, ni en cosa alguna que no fuera el movimiento de las olas. Pero quien [una vez] parta por el mar, siempre se sentirá con ansias. Las enramadas echan flores; las ciudades se vuelven hermosas; los campos son deliciosos; el mundo renace; todo esto impulsa el corazón del hombre ansioso para que emprenda viaje.

De este modo se propone viajar lejos por las vías de las crecientes. También le exhorta el cuclillo con su voz triste; el precursor del verano canta presagiando amargas preocupaciones para el corazón. El hombre, este ser lleno de prosperidad, no sabe qué es lo que soportan algunos de quienes caminan muy lejos por los senderos del exilio. Sin embargo, mi corazón ahora se siente inquieto en mi pecho, mi espíritu acompaña a la creciente del mar por encima del reino de la ballena, víaja lejos por la faz de la tierra y vuelve hacia mí, ansioso e insatisfecho; el volador solitario grita y empuja, irresistible, al corazón por el camino de la ballena donde se extienden los mares.

Por ello las alegrías del Señor son más inspiradoras para mí que esta vida muerta que transcurre en la tierra. No tengo fe en que las riquezas terrestres duren por siempre jamás. De tres cosas cada una es siempre insegura antes de llegarle su término: la enfermedad o la vejez o la hostilidad quitarán la vida a un hombre predestinado y moribundo.

Por ello el elogio de los vivientes que hablarán después de que él haya desaparecido, y la mejor fama para todo hombre después de su muerte, será el que se haya esforzado antes de que le toque abandonar la tierra y se haya desempeñado en este mundo con valientes hazañas contra la malicia de los demonios, contra el diablo, de modo que posteriormente los hijos de los hombres lo puedan ensalzar y luego su fama perviva entre los ángeles por siempre jamás, la alegría de la vida eterna, el deleite en medio de los ángeles.

      Los dias han pasado, todo el fasto del reino terrestre; los reyes o los emperadores o los dadores de oro no son como antaño cuando entre ellos mismos obraron las más grandes hazañas de gloria viviendo con el máximo esplendor señoril. Toda este hueste cayó, las delicias desaparecieron; los débiles siguen viviendo y poseen este mundo disfrutando de él con sus faenas. La gloria está en plano muy bajo; la nobleza de la tierra envejece y merma como hace ahora cada hombre en este mundo. Sobreviene la ancianidad; su cara se pone pálida; encanecido se lamenta; sabe que sus amigos anteriores, los hijos de los príncipes fueron enterrados. Luego cuando la vida le abandona, su cuerpo no puede saborear la dulzura, ni sentir dolores, ni mover una mano, ni meditar pensamientos. A pesar de que derrame oro sobre la tumba y dé sepultura a su hermano junto con varios tesoros al lado de los parientes muertos, esto no le acompañará.

El oro que el alma llena de pecados atesora durante su vida en este mundo, nada le ayuda a la faz de la ira divina. Es grande el temor de Dios por el que da vuelta la tierra. El constituyó las inmensas llanuras, la faz de la tierra y el firmamento por encima. Es tonto quien no teme a su Señor; la muerte le llegara inesperadamente. Feliz aquel que vive humilde; la gracia le llega desde el cielo; Dios le otorga semejante corazón porque confia en su fortaleza.

      Uno debe dominar su espíritu violento y controlarlo con firmeza, siendo digno de confianza para con los hombres, puro en su modo de vivir .........

      ........... El destino es más fuerte. Dios más poderoso que los pensamientos de cualquier hombre. Consideremos dónde poseemos nuestro hogar y luego pensemos cómo podremos ir allí y luego tratemos también de llegar a la bienaventuranza eterna donde la vida surge del amor divino, la alegría en el cielo. Sean dadas las gracias por siempre jamás al Santo porque Él, el Príncipe de la gloria, el Señor eterno, nos ha honorado.       Amén.

[Translated from R.K.Gordon's Modern English version of 1926]

With many thanks to Dr Miguel A.Montezanti

 

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